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21/09/2008
Gallo Llega la hora "Necesitaba la soledad para encontrarme; ahora sé quién soy"

No han sonado los clarines que anuncian el comienzo de la Feria de San Isidro, pero en el rostro de Eduardo Gallo ya se aprecia esa concentración especial que él llama Madriditis . No obstante, algo ha cambiado en él. Este Gallo sí es de pelea, sí, pero ha cambiado el ataque de sus espolones por una profundidad y una dimensión de torero que sólo los elegidos pueden alcanzar.
"Voy a Madrid con el mismo hambre de triunfo que cuando era novillero", asegura con firmeza, "con la misma soledad de entonces, cuando todo era nuevo para mí.

Quiero recuperar aquella sensación y añadirle la madurez que he adquirido en estos cuatro años de matador de toros". Cuando habla, el brillo de sus ojos te indica que ha encontrado la fórmula que debe aplicarle al toro de su feria, pero también sabe que en Las Ventas "es complicado que salga ese toro, porque es muy difícil que un animal se mueva con 600 kilos. Pero ahora estoy seguro de lo que puedo dar y nunca he toreado en Madrid en el momento en que me encuentro". Ahora sabe lo que quiere.
Gallo va alcanzando la madurez y eso lo hace más reflexivo. O viceversa. Por eso analiza y valora, cuando antes tenía suficiente con ponerse delante. "Cuando he buscado mi soledad interior he podido encontrarme; ahora sé quién soy y qué es lo que quiero. Me he dado cuenta de lo importantes que son las cosas que he hecho, pero también de que mucho más importantes son las que me quedan por hacer. Ahora toca hacerlas".
Ese momento interior y personal que pasan todos los toreros podía traducirse en esa especie de doble personalidad de Eduardo, que era uno hasta junio y otro muy distinto a partir de entonces. "Era falta de mentalización y necesitaba cambiar esa circunstancia. No se puede ser figura del toreo desde Granada hasta Zaragoza; hay que serlo desde Castellón. Eso lo he cambiado por completo este año y he estado cerca de los toros en invierno para no perder la comba. Ahora tengo el toreo en la cabeza desde que me levanto y sueño con él".
¿Y qué es lo que sueña Gallo? "Pues te va a parecer mentira, pero siempre que sueño con una faena soñada es con una vaca vieja, no con un toro... No sé por qué". Ríe consciente de que el toreo es un sentimiento que fluye independientemente del animal que se tenga delante. "Por eso prefiero cuajar los toros que cortar las orejas; los trofeos ya no tienen tanta importancia para mí".
También reconoce que ha habido momentos en los que le han pesado los avatares de su profesión, como aquella cornada de Badajoz. "Yo sé que ha habido toros en los que me he acordado y no he tenido cojones de tirarme encima de los pitones. Creo que hasta el torero más valiente pondría por delante a su hijo, llegado el caso, si se viese sorprendido por un toro en el campo. Se llama instinto de conservación y todos lo conocemos. Gracias a Dios, ahora lo conozco y eso hace que lo tenga superado".
Con respecto al valor, cualidad que a él se le atribuye, Gallo sorprende en su forma de pensar: "Nadie tiene valor. Todo está en la mentalización, y si estás convencido de que te vas a dejar matar, al final lo haces. Me dijo el maestro Espartaco que había que irse del hotel como si no lo fueses a ver más, y eso es lo que debes hacer en tardes como el día 8 en Madrid".
 
Textos: Marco Antonio Hierro
Imágenes: Comunicatauro
21/09/2008
 
 
   
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